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Vicente Huidobro
Chile
Manifiesto Total.
Basta ya de vuestros pedazos de hombre, de vuestros pequeños trozos de
vida.
Basta ya de cortar el hombre y la tierra y el mar y el cielo.
Basta de vuestros fragmentos y de vuestras pequeñas voces sutiles que
hablan
por una parte de vuestro corazón y por un dedo precioso.
No se puede fraccionar el hombre, porque hay todo el universo, las
estrellas, las montañas, el mar, las selvas, el día y la noche.
Basta de vuestras guerras adentro de vuestra piel o algunos pasos más
allá
de vuestra piel.
El pecho contra la cabeza, la cabeza contra el pecho.
El ojo contra la oreja, la oreja contra el ojo.
El brazo derecho contra el brazo izquierdo, el brazo izquierdo contra
el
brazo derecho.
El sentimiento contra la razón, la razón contra el sentimiento.
El espíritu contra la materia, la materia contra el espíritu.
La realidad contra el sueño, el sueño contra la realidad.
Lo concreto contra lo abstracto, lo abstracto contra lo concreto.
El día contra la noche, la noche contra el día.
El Norte contra el Sur, el Sur contra el Norte.
¿No podéis dar un hombre, todo un hombre, un hombre entero?
El mundo está harto de vuestras voces de canario monocorde.
Tenéis
lengua de
príncipes y es preciso tener lengua de hombre.
Es preferible oír los discursos de un picapedrero, porque él al menos
siente
su cólera y conoce su destino, él está en la pasión y quiere romper las
limitaciones.
En cambio, vosotros no dais la gran palabra que se mueve en su vientre.
No
sabéis revelarla.
La gran palabra que será el clamor del hombre en el infinito, que será
el
alarido de los continentes y los mares hacia el cielo embrujado y la
tierra
escamoteada, el canto del ser realizando su gran sueño, el canto de la
nueva
conciencia, el canto total del hombre total.
El mundo os vuelve las espaldas, poetas, porque vuestra lengua es
demasiado
diminuta, demasiado pegada a vuestro yo mezquino y más refinada que
vuestros
confites.
Habéis perdido el sentido de la unidad, habéis olvidado el
verbo
creador.
El verbo cósmico, el verbo en el cual flotan los mundos.
Porque al
principio
era el verbo y al fin será también el verbo.
Una voz grande y calma, fuerte y sin vanidad.
La voz de una nueva civilización naciente, la voz de un mundo de
hombres y
no de clases.
Una voz de poeta que pertenece a la humanidad y no a
cierto
clan.
Como especialista, tu primera especialidad, poeta, es ser humano,
integralmente humano.
No se trata de negar tu oficio, pero tu oficio es
oficio de hombre y no de flor.
Ninguna castración interna del hombre ni tampoco del mundo externo.
Ni
castración espiritual ni castración social.
Después de tanta tesis y tanta antítesis, es preciso ahora la gran
síntesis.
Nuestra época posee también sus bellas cabezas de algodón.
De algodón
con
pretensiones explosivas, pero absolutamente hidrófilo.
¡Ah, ya sé! La medida, la famosa medida. Sois todos muy medidos.
Si a
veces
esto no fuera un pretexto, si a veces ello no sirviera sino para
esconder
vuestro vacío.
Habéis nacido en la época en que se inventó el metro.
Todos medís un
metro
sesenta y ocho, y tenéis miedo, miedo de romperos la cabeza contra el
techo.
Pero necesitamos un hombre sin miedo.
Queremos un ancho espíritu
sintético,
un hombre total, un hombre que refleje toda nuestra época, como esos
grandes
poetas que fueron la garganta de su siglo.
Lo esperamos con los oídos abiertos como los brazos del amor
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